
Nada había más sagrado para un judío en ese tiempo que la Ley. Pero la Ley hacía esclavos rigurosos e inflexibles. Jesús da por abolidos muchos de sus preceptos. "Ustedes oyeron que les dijo una cosa anteriormente. Pues bien: Yo les digo otra: "Amen a sus enemigos, traten bien a los que los persiguen. El que se irrita contra su hermano será reo de juicio. Si te pegan en la mejilla derecha ponle también la izquerda". No acepta los mandatos externos que no tienen un significadomás profundo: "¿De qué les sirven las purificaciones rituales si por dentro están llenos de inmundicia?". No acepta los ayunos ni los preceptos sabátinos: "¿No van ustedes a sacar de un pozo al buey que se ha caído un día sábado?". |
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